Esta zona turística era poco menos que desconocida hasta hace un par de años, a pesar de un sencillo del grupo Maná, y de que la población de San Blas estuvo en boca de todos cuando tres pescadores estuvieron perdidos más de nueve meses en el mar.
Pero, por iniciativa del gobierno del Estado, la región se está convirtiendo en un interesante enclave con un decidido énfasis en el turismo cultural, de alto standing y de deportes extremos, como es el surfing a escala internacional.
Cuando Fher, el vocalista del grupo Maná, cantaba el tema “En el muelle de San Blas” (1997), el cual relata la historia de una mujer que allí dejó su vida esperando el regreso de su amor, nunca imaginó que sería una de las mejores promociones para un rincón de Nayarit que parecía olvidado: San Blas.
Sin embargo, pese al éxito internacional de la canción, que provocó la curiosidad de muchos turistas, quienes llegaron de los lugares más remotos a comprobar el plácido encanto del antiguo puerto en el que algunos echaron anclas para siempre, no fue suficiente para que se convirtiera en una opción turística nacional más.
En ese “breve” espacio de apenas 185 km lineales, se suceden extensos manglares -donde habitan más de 260 especies de aves endémicas-, y playas prácticamente vírgenes, aptas unas para la práctica del surf, y otras sólo para disfrutar plácida y tranquilamente.
También allí se asientan comunidades indígenas que conservan su estilo de vida ancestral y ofrecen artesanías de la más compleja y bella confección, junto a relevantes zonas arqueológicas; sin olvidar la sorprendente isla de Mexcaltitán, uno de los 32 pueblos mágicos del país, que es, para muchos, la cuna de la mexicanidad.

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